LA BODA DE MI MEJOR AMIGA

Había llegado un sobre muy elegante a la puerta de la casa, es de color crema y finamente cuidado, con letras doradas y decoraciones de Ángeles a los costados y lleva mi nombre en letra cursiva de promedio catorce.
Es una invitación a una boda a celebrarse en la capilla del Pilar en Miraflores .Una boda que se presenta muy elegante y que pide a los invitados llegar de forma puntual a la capilla , para luego, pasar al salón de brindis en donde se llevara a cabo , el saludo de los presentes a la feliz pareja .
La boda era de Cristina mi primera novia por así decirlo. Cristina se fue del Perú cuando acabo la secundaria .Nunca postulo a ninguna universidad ni se preocupo por las notas que habría que sacar para obtener un puesto respetable, eso a ella nunca le importo demasiado. Nos conocimos cuando me trasladaron al mismo colegio, luego de que fuera expulsado de uno religioso por motivos tan obscenos que siempre me rehusó a explicar .Cuando nos conocimos fue algo mágico, en todo el sentido de la palabra, sucedió en la celebración del aniversario del colegio , en una función de magia organizada por el mago Giorini, un joven alto y de pelo corto que no dejaba de sacar conejos y palomas de su sombrero mientras yo pensaba si ambos animales podrían convivir en paz en un espacio tan reducido . Recuerdo que se me acerco y me ofreció salir de hay, idea que no me pareció descabellada luego de 3 conejos y cuatro aves .La conversación no fue nada memorable, solo frases sueltas y sonrisas cómplices pero ese fue el comienzo de una larga amistad y un mediano y débil romance .

No había decido si tenia que ir a su boda. Me pareció un poco extraño que me haya invitado a su matrimonio sin vernos después de tanto tiempo y que sea uno de los invitados que iban a estar lo más cerca de la novia. No sabía exactamente que intentaba proponerse Cristina sentándome tan cerca de su novio y su pronto futuro esposo, un norteamericano alto y muy barrigón que trabajaba en las oficinas de la IBM en el Perú.
Decidí entonces llamarla por teléfono para saludarla por su matrimonio y intentar descubrir que se proponía invitándome a mi, que tan poco tendría que ver con su vida marital en el futuro. Laura amiga de la novia y compañera de trabajo me dio su número y decidi llamarla de inmediato. Cuando por fin luego de interminables intentos de llamarla pude hablar con ella y me saludo muy efusiva como si el tiempo no hubiera pasado. Luego de las frases de rigor decidimos tomarnos un café en la tiendecita blanca en Larco celebrando el acontecimiento que a ella se le venia encima.

Esa tarde la espere cerca de media hora y creo que valió la pena. Cuando llego estaba increíble y con vestido negro corto que la hacia lucir impresionante y hasta me hacia sentir envidia de ese americanísimo barrigón que la tendría en casa a partir de aquel sábado. M e contó que había vivido en Nuevo México. Que se había instalado allí luego de terminar el colegio. Que se había comprado un departamento y estuvo trabajando para una cadena de restaurantes como administradora. me dijo que cuando llego todo fue difícil y que solo se pudo quedar en casa de sus tíos un par de meses, que la obligaban a pagar un alquiler muy alto y que sus primo eran unos vagos que se pasaban el día comiendo y jugando football americano. Me dijo que la cosa allí es muy diferente a la vida aquí, que en los Estados Unidos todo es mas rápido y que casi no hay tiempo para distracciones y paseos; que la vida aquí es muy relajada, menos acelerada, que siempre quiso regresarse a vivir al Perú y que cuándo se lo propuso a Mark, su novio, este acepto sin ningún problema. Le dije que estaba contento por ella y que celebrara su decisión de venir a vivir a lima y formar una familia en una ciudad que ella consideraba tan calmada. Fue precisamente hay cuando le pregunte el motivo del porque me había invitado a su boda y que papel tendría que ver yo en un matrimonio tan celebrado y no Laura, que ella tal vez por descuido o dejadez había dejado de invitar .M e dijo que si Laura no estaba invitada, era por el reducido espacio que tiene la capilla, pero que ella la llamaría personalmente para invitarla a la celebración ;que mi presencia en la boda le era importante pues aunque no nos viéramos desde hace mucho tiempo y aunque yo piense lo contrario , ella me seguiría considerando como un gran amigo para ella .Cuando Cristina me dijo eso, me sentí avergonzado de haber pensado motivos ilusos para mi invitación y no pude mas que agradecerle el cumplido y decirle que ella significaba lo mismo para mi a pesar del tiempo sin vernos . Que si eso era todo, estaría encantado de asistir a su matrimonio y estar en primera fila en caso que ella me lo pidiera de esa manera.
Ella me agradeció y se paro de repente, dijo que estaba atareada en lo referente a la boda y que me esperaba. Fue allí cuando se pudo frente mió y me dio un beso sin reparo alguno. Yo me quede congelado al ver sus intenciones y no supe moverme para reaccionar de una manera diferente a la de cómo lo hice. Ella al alejarse me dijo que esperaba reunirse conmigo siempre de esa manera y que tal vez la próxima vez podría ser en mi departamento.

Frente a la capilla, vestido con un terno negro y una corbata gris, no supe que hacer. Allí parado frente a esa majestuosa ceremonia supe que al entrar a aquel ritual no habría marcha atrás, y que tal vez esa incursión habría causado en mi, efectos que no quería conocer por el momento. Tome un taxi y Salí disparado hacia mi departamento decidido a no contestar el teléfono por el momento.
Hoy que repongo esa historia en mi mente recuerdo cuando la vi la ultima vez en la tiendecita blanca tomando un café y unas empanadas que son su especialidad. La salude con cariño y me dijo que no me perdonaba que no hubiera asistido a la boda, lo cual trate de remediar con una excusa que parecía ridícula, pero creo que ella me lo creyó o por lo menos fingió creerme . Me dijo que estaba divorciada desde hacia seis meses, que Mark volvió a los estados unidos y que ella no quiso volver con él. Cristina me contó en secreto que estaba feliz y que había conocido a un joven cubano con el cual comenzó a salir poco antes que terminara su matrimonio y que con él si se sentía realmente mujer, que Mark era un tonto y que se aburría horrores con él y que fue por eso que se separaron en tan poco tiempo.
Cristina estaba feliz y eso me alegro mucho. Cuando se fue me dio un beso como el que me había dado dos años atrás antes de su matrimonio. Me dijo que la visite en su nuevo departamento, que tal vez allí, podríamos conversar más cómodos. Le dije que no lo dudara, me dejo su número y se fue en su auto toyota del año de lunas polarizadas.

Hoy he llamado a Cristina y he quedado en almorzar con ella. Hemos quedado en un restaurante pequeño en San Isidro y estoy feliz de haberla llamado. Se que ella invariablemente me va a tener mucho aprecio y yo se que sentiré lo mismo por ella. Ahora se que puedo contar con ella como una gran amiga, pero eso si, cuando ella este dispuesta a marcharse, seré yo primero el que esta vez la sorprenda con ese beso que tanto tiempo nos distancio.

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