capitulo IV
Pedro y yo ya nos habíamos hecho amigos, intercambiábamos teléfonos de chicas, salíamos con frecuencia a tomarnos un vodka en la placita de barranco o a los recitales de poesía que organizaba el bar. Nunca dejo de ir ni un solo domingo, aun cuanto la dueña se lo impidiese cada vez que lo veía entrar con su mochila acuestas, sus pantalones rasgados y preparado con una sonrisa cínica mientras le resto optaba meramente por los aplausos
Una de aquellas tardes domingueras, que la dueña decidió poner fin a los recitales de poesías domingueras, creo que por que ni Pedro, ni yo desistíamos de acudir febrilmente a esos recitales, se desato en cuestión de segundos una descomunal bronca, luego de que un miembro del grupo , abrumado por un ataque de celos, decidiera poner fin a esa discordia propalándole un monstruoso silletazo a uno de esos tantos parroquianos que se había atrevido a mirar a su novia , la lucha fue incesante, mientras pedro y yo en el medio no de dejábamos de lanzar silletazos a diestra y siniestras contra cualquiera que osara irrumpir en nuestra mesa y que , por supuesto mancillar el honor de dos alcohólicos confesos, que lo único que rogaban en ese momento es que nadie le hiciera algún daño a la botella de ron que tambaleaba en nuestra mesa ante tal fiero encuentro
No fue así, creo que en realidad lo primero que fue que se rompió antes de nuestras cabezas, fue nuestra minúscula botella de ron, pues los silletazos luego que los dos bandos unificados ante tan noble causa decidieron brindarnos a nosotros, aquellos silletazos que s habían guardado para ellos y que, sin quererlo nos habíamos convertido de la noche a la mañana en el centro de una guerra que ni Pedro y yo sabíamos hasta ese momento el por que se había suscitado
Esto desencadenaría en irnos todos detenidos a una comisaría momentos mas tarde en donde todos solidarizados por una misma causa, y ya olvidados los silletazos y los bandos, exigíamos la liberación, y la exigíamos eufóricos mientras bromeando unos con otros, nos pedían a Pedro y a mi disculpas por tal exagerado incidente y explicándonos cual había sido la causa de ese desenlace tan doloroso. Olvidada las trifulcas nos pusimos a cantar todos, cantábamos y cantábamos canciones de protesta hasta altas horas de la madrugada, no parábamos ni un solo segundo (creo que la confraternidad mas grande no se logra sino en situaciones desesperadas, o por lo menos lo creía así en ese momento) hasta que por fin, un comisario harto de tanto escándalo nos liberaría a todos no sin antes advertirnos que la próxima vez la historia seria diferente
Salimos de aquella mugrosa comisaría habiéndonos convertidos todos en camaradas de un mismo bando, Marco el mas joven de nosotros, dentro de tan divertido encierro, decidió que fuésemos a celebrar tal logro pues nos habíamos convertido en seres emancipados nuevamente y que ya nos habíamos vuelto un grupo ,el cual casi con lagrimas en los ojos decía que no debía separarse, al haber todos estado involucrados en algo tan personal como ser un ex prisioneros así que dicho esto y para no contradecir a tan conmovedor discurso ,no habría mejor ocasión para tomarse un buen coñac mientras , nos conoceríamos todos los integrantes de ese fantástico grupo no sin antes contar la historia de nuestro encierro, en el bar a aquellos que no tuvieron tal placer de convertirse como nosotros en ex-presidiarios, camaradas ,compañeros y seres liberados aunque todo esto haya sucedido en tan solo un día
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